PARTE PRIMERA.
y
entonces, entre las plantas de aquel jardín.. surgió una gran
sombra negra, yo veía como se acercaba hacia mi, temblaba ante tal
monstruosidad. Cerré los ojos, intenté contar hasta 10, para
tranquilizarme un poco. Pero antes de poder terminar de contar, algo
me agarró y tiró de mi hacia atrás, no sabía si era la sombra o
cualquier otra cosa.
Se
hizo un gran silencio, abrí los ojos... estaba sola. Estaba en lo
que parecía ser una gran mansión de la época del romanticismo, en
una de sus inmensas habitaciones con paredes blancas y muebles
parecidos a los de una casa de muñecas, con la diferencia de que
estaba todo muy sucio, algunos de los muebles de madera estaban
picados y comidos por el tiempo, y las termitas que habitaban el
lugar. De pronto oí un ruido que venía de la habitación de al
lado. Alguien se estaba acercando, oía sus pasos acercarse
lentamente, no sabía quien era y estaba asustada...ante este tipo de
situaciones siempre actuaba igual; cerraba los ojos e intentaba hacer
que todo desapareciera.. así me sentía segura.
Oía
cada vez sus pasos más cerca, hasta que se pararon justo en frente
mía. Abrí los ojos y vi los suyos, azules... azules casi blancos...
parecían estar hechos de hielo, jamás olvidaré esos ojos...
Aquellos
ojos estaban fijos en los míos, yo sentí la necesidad de bajar la
mirada, no se que fue peor, si los ojos, o lo que vi después. Un
cuerpo perfecto, que parecía estar tallado en hielo, fuese quien
fuese, pasaba unas cuantas horas al día poniendo a punto su cuerpo.
-Hola bella durmiente, ¿se puede saber
de qué huías en el jardín? ¿te habías perdido? Siento decirte,
que perderse en un jardín es un poco deprimente - Su voz era suave,
pero a la vez era masculina y.. perfecta. El chico esculpió una
sonrisa torcida en su rostro, yo inmediatamente me puse como un
tomate - Venga, dame la mano, te ayudo a levantarte - se levantó y
extendió su mano, yo hice ademán de levantarme sola, pero no me fue
posible, por lo tanto recurrí a su ayuda... cuando lo toqué, Dios,
aquello no era normal, sus ojos eran fríos, pero su cuerpo, sus
manos, eran lo más cálido que jamás había tocado... Esa es otra
cosa que jamás olvidaré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario